Como han podido observar en este blog, el turno de noche es un tiempo por lo general tranquilo pero muy dado a las anécdotas. Uno de los menesteres más habituales del recepcionista es “orientar al guiri” en su ardua exploración de las atracciones turísticas del lugar. Esta labor se hace más difícil si se trata de gente de los States, y más aún si están bajo los efectos del alcohol y de la angustia.

Resulta que hace un par de noches escucho cómo una chica , de muy buen ver por cierto, a las 3 de la madrugada me aporrea la puerta del hotel (que cierro por las noches por motivos de seguridad personal).
Como la vi inofensiva abrí la puerta. Al trabajar por la noche normalmente no suelo tratar mucho con los clientes , por lo que pensé que estaba alojada en el hotel. No era el caso.
La chica, muy nerviosa y angustiada (y con olor a gintonic) me dice que no encuentra su hotel. Obviamente yo le pregunté “¿Cómo se llama tu hotel?” (todo esto en perfecto inglés, por supuesto)…y ella me soltó un escalofriante “… I don’t know”. Empezamos mal.
Después de esto intenté sacarle algo de información para averiguar en qué hotel estaba alojada la chiquilla: situación, tamaño, cosas que hay en los alrededores, calle, categoría del hotel…La única información que obtuve fue que “the hotel is small, in city centre and in the middle of everything”… No era mucha la información que me dio puesto que hay tropecientos hoteles de esas características en el centro de Sevilla.

El siguiente paso fue mostrarle una guía de hoteles para ver si por las fotos reconoce su hotel. Nada. Le dimos cuatro vueltas a la dichosa guía y la americana seguía sin darme pistas de cuál era su hotel. Ya me lo tomé como un reto personal.

Podía verse cómo la desesperación se reflejaba en la cara de la chica, la cual incluso me preguntó el precio de una habitación para quedarse en mi hotel. Desgraciadamente estábamos completos.

A continuación le dije que consultara su email para ver si hay datos del hotel en la reserva. Nada de nada. Ya me la veía durmiendo en la calle (o acompañándome en el hotel para hacerme la noche más amena, que no hubiera estado mal).

De pronto se acordó que el número de la calle era el “17″ y que su habitación era la 101. Con esta información llamé a varios hoteles del centro hasta que di con el suyo. Por fin. Al final sólo me quedó explicarle cómo llegar al hotel, con croquis incluído (el mapa no era suficiente).

Ella se despidió y me dio mil gracias…aunque me lo podia haber pagado “en carne”.