Hace días me ví hablando de mi antiguo compi, al que podríamos llamar G. Lo mejor de G es que, aunque fueramos tan diferentes trabajando, formabamos un buen tándem: yo era la cuadriculada, la reponsable, la que trabaja con guión preestablecido y él el divertido, el espontáneo, el que caía bien por su falta de malicia.
El tal G tenía la bonita costumbre de llevar al límite a los clientes y ciertamente, algunos de ellos no sabían si reirse o matarle por sus comentarios. Evidentemente yo al principio me escondía en el back office a subirme por las paredes, y al final opté por ir al back office, pero esta vez para acabar de partirme de risa con sus ocurrencias.
Poco antes de irse del hotel, dejó una de sus mayores hazañas.
A todos los clientes del mundo les hace gracia, (o por lo menos lo aparentan) que te sepas un par de palabrillas en su idioma, sobre todo si ese idioma no corresponde al top five del recepcionista. Es decir, inglés, francés, alemán, italiano y español.
Eran las cinco de la mañana y empezaba la avalancha en recepción de un grupo turístico japonés, que emprendía la vuelta a casa. Todos pasaban religiosamente por la recepción para pagar sus llamadas telefónicas y sus consumos de minibar. Y mi compi, como siempre, vió la oportunidad de arrancar una sonrisa nipona de cada uno de ellos con el viejo truco: saludarles en su idioma… o no…
Al primer japonés que tuvo la osadía de acercarse le soltó una especie de “jai”, que según él significaba “hola” en japonés. Ninguna expresión perceptible en el rostro del señor. Lo extraño fué cuando, con una sonrisa de oreja a oreja, nuestro amigo G le propinó un “sayonara” al mismo caballero, que abrió mucho los ojos y salió por la puerta como alma que lleva el diablo.
G, que no se amedrenta ante lo adverso, continuó despidiendo con un contundente “sayonara” a cada uno de los pobres japoneses que tras pagar sus gastos, abandonaban el hotel rumbo al país del sol naciente. Todos salían del hotel con la misma expresión. Con la misma cara que se hubieran quedado si en lugar de despedirles les hubieramos enseñado el culo. Algo no cuadraba.
“¿Estas seguro de que adiós en japonés se dice así?” El estaba convencido de ello. Pero yo no.
Lo bueno de salir con un friki, es ke és una fuente inagotable de conocimientos inútiles, pero de agradecer. (ups), así que le pregunté si estaba en lo cierto o no… lo comprendí rápidamente.
Conclusión, (o moraleja, según gustos)si vas a un hotel y algún recepcionista te suelta una lindeza parecida a “hasta nunca” o “adiós yno vuelvas”, no te lo tomes al pié de la letra… quizás solo se deba a una confusión del idioma…
Sayonara…jejeje

