Septiembre 2006


¿Os acordáis del blog Crónicas Hoteleras? (¿el que siempre estaba caído u offline?… sí ese) Pues ahora tiene nueva dirección y parece que está online. Resulta que es, por lo que he podido leer, un recepcionista que también cuenta sus aventuras, desventuras, historias, anécdotas y demás, aunque con menos actualizaciones que las nuestras (que ya es difícil!!).
Le he dejado un mensajito para que nos conozca.

Y no es que me vaya a poner una careta de Mickey. Resulta que, poco a poco, uno siempre ha querido ir subiendo. Parece que, también poco a poco, uno va subiendo. No hace mucho tiempo que uno está en el negocio de la prostitución turística (los que trabajamos en este mundillo sabemos que las putas y los recepcionistas mantienen carreras muy parejas). Una vez dentro de este proxenetismo de trabajo me propuse una meta. Una meta a 10 años. Llevo 2 solamente, y pasito a pasito parece que me voy acercando a ella. Supuestamente, y digo supuestamente no vaya a ser que las cosas se tuerzan, el mes que viene entro como jefe de recpción de un hotelito. Bueno, como jefe y “algo más…un poquito de todo” usando palabras de mi jefe. Concretando, que como me descuide me colocan la escoba en el culo para que barra cuando ande.
Siempre he pensado que el jefe vive mejor aunque tenga más trabajo. Al menos sabes que no estás encasillado en un trabajo fijo. Hay gente que le gusta estar así. No es mi caso la verdad. Arriesgué. Me fui de los hoteles de la corbata naranja cuando más o menos tenia el condumio asegurado. Y me fui a uno más chico, más coqueto y, sí, también más cutre. Pero al menos sé que aquí si alguien sube es porque se lo merece, no por reir gracias, ni bajar a “reuniones” en los garages, ni pelotear, ni irme de juerga con los jefes. Si uno está interesado, hace su trabajo y se ve un poco de interés, es normal que se fijen en ti. No me quiero poner de el más trabajador del mundo, ni mucho menos. Pero al menos no he tenido nunca que comprarme rodilleras.
A ver si sale bien…

Por Búho de Noche


Hoy hace un año que inauguramos oficialmente este blog sin otro objetivo que el de pasar el rato en esas largas noches de turno y sin embargo se ha convertido en mucho más. ¿Quién nos iba a decir a Noctámbulo y a mi que conoceríamos a tanta gente gracias al blog?.
Muchas gracias a todos por esperar cada noche una nueva actualización (que a veces se hacen de rogar) y por la compañía de vuestros comentarios y vuestras conversaciones en el messenger.

¡FELICIDADES A TODOS!

Después de casi un mes de sequía, vuelvo a actualizar el blog con una historia que me contó una compañera del turno de noche. La historia en sí es real, existió, aunque los hechos sean casi irreales. Si fue real o solo producto de la imaginación de esta compañera no lo sé, juzgar por vosotros mismos.
De todos es sabidos que por la noche, en un hotel (y sobre todo a solas), todos los gatos son pardos, todos los ruidos son de ultratumba y todos los reflejos solo eso, reflejos.
Quien más y quien menos tiene un compañero para verificar las situaciones vividas, algunos solo tenemos (yo no, afortunadamente) la triste pero valiosa compañía de una radio y los más afortunados un compañero siempre fiel e inagotable, un ordenador o un portátil conectados a internet (para mí oro en paño).
Quien más y quien menos ha oído pasos que no terminan por bajar las escaleras, ha visto grifos abiertos en habitaciones que llevan varios días sin ocuparse (a mí me pasó), ha escuchado gritos o susurros en alguna planta vacía o simplemente a escuchado como crujían la paredes de su hotel.
Pero si juntamos, y ahora me pongo en plan Hicthcock, los gatos pardos, los ruidos de ultratumba, los pasos, los susurros y los reflejos con una radio y un portátil, y lo aderezamos todo con un vaso de agua, una noche tranquila y un hotel de los que crujen ¿qué puede salir de ahi?, nada de este mundo…
Sé que me estoy extendiendo, pero la historia es breve y la ambientación es primordial. Pues bien, esto es lo que le sucedió a una vampira del turno de noche.

“La noche estaba siendo normal, tranquila, habían venido a verme un par de compañeros antes de marcharse a casa y los clientes del banquete no habían dado muchos problemas. El trabajo estaba controlado, apenas me quedaba nada por revisar así que me dispuse a tomar un descanso y un café. Los clientes del banquete se marcharon, los compañeros del restaurante no tardaron en irse y el último check-in hacía ya una hora que había entrado. Eran alrededor de las 4, puse la radio y cogí el portátil del jefe para sentarme cómoda a ver qué había de nuevo en el correo. Después de un rato tenía un poco de sed, fuí a por un vaso de agua y me volví a sentar con el portátil. La noche estaba ya soporífera, no había podido domir bien durante la mañana, los niños, la casa, la compra… en fin que estaba que me caía, y en uno de esos momentos de letargo en los que parece que uno va a dar con la cabeza en el suelo… -Joder!!, derramé un poco de agua en el portátil, me puse a secarlo como pude, -Dios!! El portátil del jefe!!, estaba cabreada cuando lo oí. Al principio no le dí mucha importancia, parecía como si el agua hubiera afectado al altavoz del portátil y estuviera acoplandose con la radio, aparté la radio pero seguía el mismo ruido, un ruido extraño, que salía del portátil y no era acople parecía una voz. ¿Qué extraño? yo no estaba viendo ningún video ni musica ni nada por el estilo, solo estaba viendo el correo, así que volví a pensar que era la radio y la apagué. Comprobé que el ruido venía efectivamente del portátil, -Me lo he cargado!! , pensé. Intenté secarlo mejor, pero no hubo forma, el ruido seguía, y ahora si era más parecido a una voz entrecortada, como si estuvieran hablando por una radio lejana pero a través del altavoz del ordenador. Pegué mi oído al mismo y escuché. No lo entendía, no sabía que estaba o estaban hablando. Seguí escuchando más atentamente hasta que lo oí… ¡AYUDAME!
Pegué un brinco que casi me doy con el techo, el corazón se me salía por la boca, apagué inmediatamente el portátil y lo desenchufé. Tenía ganas de llorar. Aquella fue una noche muy larga…”