Después de casi un mes de sequía, vuelvo a actualizar el blog con una historia que me contó una compañera del turno de noche. La historia en sí es real, existió, aunque los hechos sean casi irreales. Si fue real o solo producto de la imaginación de esta compañera no lo sé, juzgar por vosotros mismos.
De todos es sabidos que por la noche, en un hotel (y sobre todo a solas), todos los gatos son pardos, todos los ruidos son de ultratumba y todos los reflejos solo eso, reflejos.
Quien más y quien menos tiene un compañero para verificar las situaciones vividas, algunos solo tenemos (yo no, afortunadamente) la triste pero valiosa compañía de una radio y los más afortunados un compañero siempre fiel e inagotable, un ordenador o un portátil conectados a internet (para mí oro en paño).
Quien más y quien menos ha oído pasos que no terminan por bajar las escaleras, ha visto grifos abiertos en habitaciones que llevan varios días sin ocuparse (a mí me pasó), ha escuchado gritos o susurros en alguna planta vacía o simplemente a escuchado como crujían la paredes de su hotel.
Pero si juntamos, y ahora me pongo en plan Hicthcock, los gatos pardos, los ruidos de ultratumba, los pasos, los susurros y los reflejos con una radio y un portátil, y lo aderezamos todo con un vaso de agua, una noche tranquila y un hotel de los que crujen ¿qué puede salir de ahi?, nada de este mundo…
Sé que me estoy extendiendo, pero la historia es breve y la ambientación es primordial. Pues bien, esto es lo que le sucedió a una vampira del turno de noche.
“La noche estaba siendo normal, tranquila, habían venido a verme un par de compañeros antes de marcharse a casa y los clientes del banquete no habían dado muchos problemas. El trabajo estaba controlado, apenas me quedaba nada por revisar así que me dispuse a tomar un descanso y un café. Los clientes del banquete se marcharon, los compañeros del restaurante no tardaron en irse y el último check-in hacía ya una hora que había entrado. Eran alrededor de las 4, puse la radio y cogí el portátil del jefe para sentarme cómoda a ver qué había de nuevo en el correo. Después de un rato tenía un poco de sed, fuí a por un vaso de agua y me volví a sentar con el portátil. La noche estaba ya soporífera, no había podido domir bien durante la mañana, los niños, la casa, la compra… en fin que estaba que me caía, y en uno de esos momentos de letargo en los que parece que uno va a dar con la cabeza en el suelo… -Joder!!, derramé un poco de agua en el portátil, me puse a secarlo como pude, -Dios!! El portátil del jefe!!, estaba cabreada cuando lo oí. Al principio no le dí mucha importancia, parecía como si el agua hubiera afectado al altavoz del portátil y estuviera acoplandose con la radio, aparté la radio pero seguía el mismo ruido, un ruido extraño, que salía del portátil y no era acople parecía una voz. ¿Qué extraño? yo no estaba viendo ningún video ni musica ni nada por el estilo, solo estaba viendo el correo, así que volví a pensar que era la radio y la apagué. Comprobé que el ruido venía efectivamente del portátil, -Me lo he cargado!! , pensé. Intenté secarlo mejor, pero no hubo forma, el ruido seguía, y ahora si era más parecido a una voz entrecortada, como si estuvieran hablando por una radio lejana pero a través del altavoz del ordenador. Pegué mi oído al mismo y escuché. No lo entendía, no sabía que estaba o estaban hablando. Seguí escuchando más atentamente hasta que lo oí… ¡AYUDAME!
Pegué un brinco que casi me doy con el techo, el corazón se me salía por la boca, apagué inmediatamente el portátil y lo desenchufé. Tenía ganas de llorar. Aquella fue una noche muy larga…”
Septiembre 22, 2006 at 9:48 pm
Ostias, ostias, ostias.
Que remiedo, a mi me paso algo parecido, pero sin currar y haciendo el capullo con unos colegas en un hospital abandonado (y escondido que encontramos por casualidad) en el pirineo.
P.D.: Creo que ahora es un balneario.
Ya era hora jajajaja.
Septiembre 23, 2006 at 6:54 am
Estoy casi terminando mi turno y buscando me encuentro con este blog de colegas.
Menuda historia, sí que pasan cosas de noche, llevo muchos años de lechuzo, pero no estoy solo, menos mal. Saludos a todos los que trabajan en hoteles de noche.
Septiembre 23, 2006 at 12:33 pm
La voz que se escuchaba era la del “chino” que está dentro de todos los aparatos. ¿Quién no ha oido hablar del chino de las tragaperras? Por cierto, saludos a los dos recien llegados a estas latitudes noctámbulas.
Septiembre 24, 2006 at 4:48 am
Apuesto lo que sea a que estaba escuchando el programa del Fríker Jiménez y todo lo que dice fue un sueño.
Septiembre 24, 2006 at 12:05 pm
Bienvenidos Barman y Lechuzo!
Diciembre 30, 2006 at 4:41 pm
Joder qué canguelo. Me pasa algo así y salgo huyendo. Y eso que mi hotel también es de los que crujen y tenemos ya cierto cuajo.
De hecho, mi compañero (que antes hacía mi turno) también tiene una buena colección de historias para no dormir.
Me contó, por ejemplo, que durante una nochevieja el ascensor del hotel bajó el solito y por propia iniciativa las cuatro plantas del hotel.
Lo más alucinante y que me hace dudar un poco de su palabra es que no hay error posible. Me explico, nuestro hotel no es turístico si no militar. Y nuestros clientes viven allí, por lo que en fechas navideñas vuelven a sus hogares y los conserjes nos quedamos absolutamente solos.
Sin compañeros ni clientes ni jefe… ni ná de ná.
Así que os podéis imaginar el susto morrocotudo que se debió llevar Antonio (así se llama mi compañero) cuando escuchó el ascensor bajando hasta el sótano, y con la seguridad (tenía todas las llaves en sus casilleros, y no había más personal que él) de que estaba solo.
Según cuenta tras comprobar que no había nadie en el sótano, se atrincheró en la recepción, y se mantuvo agazapado durante el resto del turno.
Genial el blog. Queda añadido a los favoritos desde ya.
Diciembre 31, 2006 at 2:48 pm
Gracias Dadá.